El marido de Ali escribe
Soy el marido de Ali, el corderito, y escribo mi historia desde el amor y la obediencia, siguiendo el deseo de Sara, la mujer que amo.
He cumplido dieciocho años, lo que hace cesar la mayor parte de las demandas legales interpuestas por mi padre a fin de apartarme de la mujer que amo, Sara.
Ali y Marian son abogadas, y lograron resistir los intentos de mi padre de ponerme bajo custodia judicial, alegando que me encontraba psicológicamente sometido, objeto de un trastorno.
Mi historia comienza a suceder cuando tengo catorce años y soy invitado a un evento de la empresa en que trabajaban mis padres. Allí, el entonces marido de Sara, gustaba de codearse con las familias de sus empleados. Su bellísima esposa, Sara, gustaba de moverse entre aquellas familias. Lo habían hecho en un amplio jardín, con barbacoas y todo eso. Yo me aburría un poco, cuando aquella mujer se acercó a mí, y me trató con la simpatía habitual de una elegante anfitriona con un niño modoso de catorce años. Pero percibí algo más. Acabó llevándose el teléfono de mi flamante móvil.
Hasta que cumplí los dieciséis, Sara solo se pudo en contacto conmigo un par de veces, con el pretexto de mostrarme las alternativas educativas que me ofrecía la empresa de su marido, a fin de aprovechar mis condiciones de "estudiante superdotado". Yo estaba impresionado por el encanto y la belleza de la esposa del jefe de mis padres.
Dos días después de mi cumpleaños, Sara llamó a mi padre y le comunicó que era probable que ya hubiese llegado la hora de poner en marcha mi programa de estudios dentro de una universidad de élite. Mis padres quedaron muy contentos, pues estaban muy orgullosos de mi buen comportamiento y mis altas capacidades. Mis dos hermanas pequeñas se mostraron tristes, pues me querían mucho y no querían perderme si me tenía que ir a otra ciudad para iniciar prematuramente mis estudios superiores.
Ilusionado, entré en el despacho de Sara en el gran edificio de la empresa. También estaba conmovido por la oportunidad de volverme a encontrar en presencia de aquella mujer bellísima y glamurosa a la que en secreto amaba, con mi amor de niño inexperto.
En cuanto pasé por la puerta y la cerré tras de mí, Sara se levantó de la mesa de su despacho, se acercó a mí y me besó en los labios. Después me tomó de la mano y me sentó a su lado en un sofá. Sujetaba mi mano entre las suyas, suavísimas y cálidas.
SARA- Te voy a llamar "corderito", pues eres precioso y muy dulce. Ahora que tienes dieciséis años te comunico que me gustas, y quisiera que nos conociésemos mejor, íntimamente. Lo de tu beca de estudios, es verdad, pero lo he retrasado todo hasta que cumplieses tu edad. Dime, en estos días, ¿ha habido algún cambio en tu situación sentimental?, ¿el beso que acabo de darte, es el primero?
CORDERITO- No... señora Sara... No ha habido ningún cambio... Ha sido mi primer beso... y estoy muy... confuso.
SARA- ¿Te ha gustado que te bese? A mí me ha gustado y me gustaría volver a besarte muchas veces... pero no puedo hacer nada sin tu consentimiento...
CORDERITO- Sí... sí me ha gustado... Usted... me despierta unos sentimientos... Yo la admiro mucho...
SARA- Tú eres un chico encantador. Precioso como una chica, inteligente, sensible... Creo que me encantaría iniciarte en el amor, cubrirte de caricias, darte placer... Llevo casi dos años pensando en ello, desde que te descubrí en esa fiesta... tan diferente a todos los demás chicos y chicas que había por allí. También me gustaron tus padres, sé que ellos te han hecho la persona que eres, y quiero recompensarlos.
CORDERITO- Gracias, señora...
SARA- ¿Aceptarías mi amor? Me gustaría, el fin de semana que viene, tenerte en mis brazos.
CORDERITO- Pero... señora, usted...
SARA- Estoy ya divorciándome de mi esposo, el... jefe de tus padres. Mis abogadas me han informado de que la empresa se dividirá. Puedo poner a tus padres al cargo de la parte que me toca. Serán directivos, y ya no meros empleados. Los negocios no me interesan mucho, pero quiero mantener ese poder. Tu madre, en particular, es una mujer muy capacitada.
CORDERITO- Lamento saber que va a divorciarse...
SARA- Hace ya tiempo que mi marido ya no supone para mí... un interés erótico. Nunca tuvo mucho interés sentimental para mí. Y el interés económico queda resuelto ahora. Quiero vivir experiencias más plenas, más intensas y más puras... Me hace mucha ilusión amarte... Nunca habría amado a alguien como tú, con tu belleza, tu juventud y tu inocencia.
CORDERITO- ¿No le importa mi inexperiencia?
SARA- Tu inexperiencia me atrae enormemente.
CORDERITO- Haré lo que usted desee... siempre que no perjudique a mis padres.
SARA- A tus padres no le diremos nada de que te deseo en mi cama este fin de semana.
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