Desaparecido

 Me llamo Carlos Ágreda, tengo 45 años, soy ingeniero de profesión y me preocupa la desaparición de mi hijo, del que hace meses que no sé nada.

Mi hijo es un menor de edad, de catorce años, que se llama Luis Rodríguez. Es hijo de madre soltera, pero yo lo reconocí como hijo. Tengo otros tres hijos. Uno de mi primer matrimonio, anterior al nacimiento de Luis, y dos, niña y niño, de mi segundo y actual matrimonio.

La última vez que vi a Luis fue a finales de junio, cuando acabó brillantemente su curso de enseñanza secundaria. Ese día, tras estar casi cuatro años ausente por motivos que nunca me explicó, su madre vino a recogerlo y llevarlo con ella, dijo que a Madrid. Ella y yo teníamos mala relación, y yo no quería que él se fuese con ella, pero insistió.


Desde entonces han transcurrido cinco meses. Estamos en noviembre. Luis ha llamado a mi esposa actual, con la que mantuvo una buena relación en los tres años que vivió con nosotros, tres veces: en julio, en septiembre y en octubre. Nunca me ha llamado a mí. Las conversaciones con mi esposa han sido muy breves. Se ha limitado a decir que está bien. Cada vez llamó desde teléfonos diferentes. Yo le regalé un teléfono pero no ha vuelto a usarlo e ignoro donde está.

No sé cuál es su domicilio, no sé en que escuela estudia. No sé absolutamente nada sobre él, y sospecho que su madre, en los cuatro años que ha estado separado de ella, estuvo ejerciendo la prostitución. Aseguraba haberse comprado un apartamento en Madrid, a pesar de que es una mujer sin estudios, solo que joven y atractiva.

  No, ella no tiene ninguna familia. Su padre falleció hace cuatro años, que fue cuando ella me dejó con Luis y dijo que se iba a buscar trabajo. Su madre quedó incapacitada y falleció poco después. Nunca han tenido contacto alguno con otros parientes biológicos. Nadie sabe nada de ellos.

  Estos son los datos sobre ella: Verónica Rodríguez, que tenía solo 17 años cuando nació Luis. Nunca convivimos juntos. Nuestra relación fue muy fugaz, de tipo apasionado. Pero suficiente para suponer la ruptura de mi primer matrimonio. Entonces yo me desplacé de Málaga a Sevilla, donde acabé contrayendo matrimonio con mi esposa actual y tengo mis dos niños pequeños.

  Mi hijo Luis, de 14, es un superdotado intelectual, con calificaciones escolares sobresalientes y un carácter muy maduro y responsable. Ayudó muy bien a cuidar de sus dos hermanos pequeños y mi esposa tenía muy buena relación con él. Sin embargo, siempre ha sido muy dependiente de su madre. Ella venía de visita a Sevilla de vez en cuando. Se hospedaba en un hotel durante tres o cuatro días y luego volvía a desaparecer, prometiendo que volvería a por él definitivamente cuando estuviese bien establecida en Madrid. A primeros de este años anunció que eso sería cuando él acabase su curso escolar.

  Que yo sepa, Verónica carece de antecedentes penales. Su única formación es como auxiliar de enfermería geriátrica. Trabajó como limpiadora con su madre. Que yo sepa, no tiene ninguna afición ni ninguna confesión religiosa. Tampoco me parece que nunca hubiera tenido novios ni amigos. Aunque sé que intentó encontrar un marido que la ayudara a cuidar de su hijo, ninguno de sus pretendientes la satisfizo.

  No creo que tome drogas. Nunca ha fumado ni ha bebido, de hecho. En su juventud era muy inmadura, muy apegada a sus padres que, por la edad, parecían más bien sus abuelos. El padre de Verónica era un hombre sin educación, que trabajaba de jornalero en el campo y que contaba con 50 años cuando ella nació. La madre ya tenía 40 también y procedía de un pueblo pequeño, de jornaleros. En Málaga ella limpiaba casas y él cobraba una jubilación agraria.

No, no tengo un régimen de visitas... pero ha vivido en mi casa, como mi hijo reconocido durante cuatro años. Y me he informado, y tengo derecho de saber cuál es su paradero.

O sea, que hecha la denuncia, tengo que pasar al juzgado correspondiente...

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El abogado me ha dicho que, si esperamos al juez, pasarán años. Así que un detective privado sería la mejor opción...

Le aseguro que no tengo más datos. Ella dijo que vivía en Madrid. Apenas hablé con ella cuando vino en junio a por el chico. Me dijo que tenía un apartamento en Madrid. Le pregunté, un poco sorprendido, si era en propiedad. Contestó que "sí" pero me di cuenta de que parecía inmediatamente arrepentida de habérmelo dicho. ¿Cómo va a haber podido ahorrar para comprar un apartamento en Madrid en tres años una mujer sin educación alguna? Le pregunté si tenía trabajo y entonces calló. No quería hablar conmigo. Se llevó al chico y no he vuelto a verla.

No, no tengo fotos de ella... pero es una mujer muy guapa, 30 años, y aparenta menos. Éste es el chico. Es importante lo de los estudios: podría acceder a ayudas especiales por sus buenas notas.

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Puesto que usted sospechaba que había ganado dinero en la prostitución, me hice pasar por un putero de lujo y fui preguntando por ella en los círculos de ese tipo.

Una chica española, andaluza, muy guapa, sin tatuajes, ni bebedora ni fumadora. Al cabo de una semana de preguntar tuve el golpe de suerte: una madame me dijo que esa chica, que se hacía llamar "Clara", había dejado colgados a varios buenos clientes muy aficionados a ella, pero que estaba tratando de recuperarla. Y me dio un dato sorprendente: por lo visto, después de comprarse un piso se había dedicado a una especie de nuevo mercado de prostitución, prostitución para mujeres ejecutivas lesbianas.

A partir de entonces me hice pasar por periodista, que quería escribir un reportaje con morbo sobre mujeres con altos cargos que pagan a jóvenes prostitutas.

Y la localicé. Alguien que conozco me puso en contacto con una secretaria que estaba resentida de su jefa. Era una secretaria veterana, nada glamourosa, que consideraba humillante que, de vez en cuando, a la puerta del despacho de la importante ejecutiva, apareciera una chica muy guapa -es ella, sin duda- que venía a comerle el coño en su despacho. ¿Puede decirle a la señora tal que ha llegado la señorita Clara? Y la secretaria comunicaba. Al segundo, la ejecutiva dejaba lo que estuviera haciendo. Haga pasar a la señorita Clara de inmediato, y que nadie me moleste hasta que yo le indique.

  La sesión solía durar unos veinte a treinta minutos. La señorita Clara salía con sus mejillas enrojecidas, pero bastante airosa, y la secretaria se moría de rabia porque era muy católica.

  No sabía nada de la tal Clara, pero sin duda era ella. Muy buen tipo, belleza mediterránea típica, a lo Mónica Belluci o Penélope Cruz. Bastante educada, sí.

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 ¿Señora Farré? Disculpe que la moleste, pero mi nombre es Carlos Ágreda y llevo un año buscando a mi hijo, a cuya madre usted conoce, la señorita llamada Clara que usted a veces ha recibido en su despacho para ciertas visitas especiales.

Señora, no creo que le convenga hablarme así... Se trata de mi hijo, menor de edad y tengo razones para creer que se encuentra en un ambiente insano... no quisiera informar al juez...

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Su hijo no quiere verle. Está con su madre, eso es todo. Si el juez emprende una acción legal, entonces la recurriremos y usted, con sus antecedentes, tiene todas las de perder. Usted ha tenido hijos con tres mujeres distintas y, además, según la legislación actual, la forma en que engendró a Luis, fue un abuso sexual. Usted abusó de Verónica cuando era una chiquilla de dieciséis años. Era menor, no hubo consentimiento... Todo muy feo.

No le vamos a dar ninguna información. El chico está bien. Ayer llamó a su esposa y le pidió que hiciera lo posible por alejarle a usted.

Verónica todavía menos quiere verle.

Mire bien esto, señor Ágreda: soy inspectora de policía. Ella es abogada y ella es jueza. Estamos perfectamente informadas de la situación legal y para nosotras lo esencial es preservar al menor de cualquier intrusión que pueda suponerle experiencias traumáticas.

Nada de eso le servirá ante un juez. Olvídese del tema. El chico está bien, y de vez en cuando telefoneará a su esposa, con la que mantiene cierta buena relación. Por lo demás, hace ya casi un año que se separaron y en ese tiempo él ha cambiado mucho. Incluso físicamente.

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Ni siquiera me han informado de en qué escuela está matriculado. A lo mejor ni siquiera va a la escuela. Esas mujeres, que aparecieron juntas... la inspectora de policía, la abogada, la jueza... me amenazaron con señalarme como abusador sexual. Yo pienso luchar por mi hijo. Aún no ha cumplido quince años y sigue en paradero desconocido.

Ignoro si se trata de una "secta sexual", pero una de ellas tiene un cargo público. Solo se relacionan entre mujeres ¿qué hace mi hijo varón entre ellas? Una inspectora de policía, una jueza... ¿y la madre de mi hijo... una prostituta sin educación?

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Quizá podríamos aunar fuerzas. Una de esas mujeres que podría tener a su hijo menor es mi ex esposa, con la que tengo cuentas pendientes desde hace tiempo. Yo dispongo de medios económicos mucho más capaces que los suyos. Podemos conseguir una información al respecto que acabe con la puerca de mi ex mujer en la cárcel por abuso sexual de un menor.

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EMMA- 48 años, aristócrata y heredera del imperio de su padre. Ha adquirido el chalet donde podrían mantener prisionero al menor para someterlo a abusos sexuales. Parece ser que fue la primera que empleó a la mamá del niño como prostituta para mujeres.

SANDRA- 46. Prestigiosa abogada. Mi ex esposa. Actualmente está casada con su secretaria.

ISABEL- 41. La secretaria y esposa actual de Sandra. Está embarazada, ¿quizá del menor?

ANA- 48. Importante ejecutiva relacionada con telecomunicaciones.

MARILI- 44. Ejecutiva internacional en el sector energético.

BLANCA- 50. Muy prestigiosa médica internista y profesora de universidad.

ESTHER- 42. Psicóloga. Podría estar también embarazada.

MARÍA- 39. Inspectora de policía

SILVIA- 43. Jueza.

MÓNICA- 48. Ejecutiva grado medio

SONIA- 42. Ex modelo

SOLE- 40. Pequeña funcionaria

PATRI- 39. Alta funcionaria. Está embarazada.

LORENA- 43. Secretaria

YOLANDA- 44. Peluquera

LOLA- 51. Alta funcionaria, fue esposa de un ministro.

  La madre del chico podría encontrarse entre estas mujeres.

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