La viuda sureña
La señora Lucie llegó a Nueva Orleans hacia 1820, con su madre. Debido a su belleza, se esperaba que contrajera matrimonio con algún hacendado. Eso se logró y en 1830 era la joven y bella esposa de un ricachón que se enriquecía aún más explotando bárbaramente a sus esclavos en tierras al oeste del Missisipi. Pero el ricachón estaba enfermo y en 1840 murió, sin dejarle hijos pero sí bastante dinero.
La señora Lucie pudo haberse vuelto a Francia entonces, pero prefirió instalarse en otra finca, no muy lejos de Atlanta. Creó una pequeña sociedad de cierto refinamiento. Se dijo que se daba a placeres antinaturales con sus esclavas.
Era buena mujer de negocios. Compraba y vendría tierras, casas e invertía en el ferrocarril. Se hizo más rica, y lo hubiera sido más aún si hubiera trabajado más sus asuntos. Contaba con un pequeño grupo de mujeres que le gestionaban los negocios, algunas esclavas.
A diferencia de otras damas refinadas, no coleccionaba perros, ni caballos. Lo que le gustaba era comprar esclavas. Si no la complacían como ella quería, solía revenderlas con beneficio.
En Atlanta, era conocida por los traficantes de carne humana. Uno de sus agentes era un tipo considerado muy ruin, al que llamaba "Geoffrey".
La señora Lucie a veces tomaba un café en cierto local de la ciudad.
"Hay un artículo nuevo a la venta. Un muchacho al que quieren vender como mujer. No sé si algo así le interesaría a la señora."
"Ya sabe que no compro varones, Geoffrey".
"Ya. Pero como lo van a vender como mujer... Su madre era una mulata bastante clara. Su propietario le hizo un esclavito que podría pasar por blanco. La madre lo ha protegido mientras ha podido, pero a ella la vendieron a un burdel y ahora está enferma. La dueña del burdel quiere venderlo como mujer. Hay hombres con ese tipo de gustos y ahora están esperando una buena oferta. Parece que un tipo de California va a pagar por él. Pero, claro, en California no hay esclavitud... El chico es muy lindo y lo mantienen intacto. Parece de verdad una chica y tiene buen carácter..."
"Pobre muchacho... ¿y su madre está enferma?"
"Todas las putas enferman, querida señora. La mujer aguantó intentando ahorrar para liberar a su hijo y llevarlo al norte... Pero la salud se lo ha impedido. En el burdel tampoco le dejaban mucho dinero."
"Debe ser terrible su sufrimiento..."
"Yo sé que usted tiene buen corazón, señora... ¿Por qué no compra al chico? Dicen que es casi como una muchacha. Tiene unos doce o trece años, y la madre consiguió que lo criaran con una buena familia y fuese a la escuela. Todo su dinero lo gastaba en eso, pero no logró sacarlo del Sur..."
"Iremos ahora mismo... antes de que sea demasiado tarde. Gracias, Geoffrey, por ofrecerme una buena historia..."
"Ah, señora Lucie, con usted uno siempre hace buenos negocios..."
La señora Lucie fue a un hospital de pobres donde la pobre mujer agonizaba.
"Por favor, señora, salve a mi hijo. Aún hay tiempo. Lo tienen en el burdel, pero lo protegen hasta que la venta se cierre."
Lucie fue al burdel y habló con la madame.
"El chico nos pertenece porque la madre era nuestra propiedad. Pero lo estamos cuidando muy bien. El trato está cerca de cerrarse."
"Quiero verlo. Si me gusta, yo podría hacer una oferta y cerrar la venta inmediatamente..."
"Bueno, no hay problema con que lo vea..."
El muchacho estaba vestido de mujer, con un vestido viejo que le habían dejado algunas mujeres.
"¿Desde cuando estás aquí, muchacho?"
"Mi madre enfermó hace diez días. Hace siete me sacaron de la familia con la que me alojaba y me trajeron aquí."
"¿Y qué te han dicho?"
"Que si quiero que atiendan a mi madre en el hospital y pueda ir a verla, tengo que esperar que me vendan. Que soy esclavo y me venderán como mujer a un hombre."
"¿Te gusta la idea de ser mujer?"
"No señora. Yo hasta ahora ni siquiera sabía que un muchacho podía venderse como mujer. La familia que me tenía me llevaba a la escuela y me trataba como a un chico normal, aunque yo sé que tengo sangre negra y alguien me dijo que mi madre es prostituta. He recibido educación religiosa. Pero desde que me trajeron aquí no hablo con nadie más que con estas mujeres, que dicen que me tengo que conformar con mi destino, y que, dado que soy débil, debo alegrarme de que me tomen como mujer, porque no serviría para trabajar en el campo".
"Yo en mi casa tengo muchas mujeres que me sirven. ¿Te gustaría trabajar sirviéndome a mí? Soy mujer viuda y mi marido me dejó dinero. ¿Sabes lo que significa hacerle de mujer a un hombre?"
"Me lo han dicho. Que me harán daño y tendré que hacerle cosas... de prostituta."
"Yo trato muy bien a mis esclavas. Te trataré como mujer, pero una mujer no hace daño a otras mujeres que la sirven. Yo te trataré bien, y las mujeres de mi casa son agradables. Si eres un buen niño, obediente y atento, vivirás quizá mejor de lo que vivías con esa familia."
"¿Podré ver a mi madre en el hospital?"
"Sí. Si logro comprarte."
La señora Lucie le dijo a la madame que le daría mala reputación que se supiese la historia de cómo estaba tratando a ese chico bueno, cuya madre había querido salvarlo.
"Pago 500 por él, el precio de una muchacha joven y sana como sirvienta."
"Una muchacha de burdel joven y sana vale el doble que eso, y el tipo de California va a pagar todavía más"
"Conozco mucha gente en la ciudad y le aseguro que podría incluso hacer que esta historia se publicara en los periódicos. Del norte y el sur: un muchacho de piel blanca vendido para trato contra natura, mientras su madre agoniza en un hospital de caridad. Subo a 600 y pago de inmediato. Yo misma iré con usted a mi banquero y al notario."
"Vamos entonces".
Ya era de noche cuando la madame obtuvo sus 600, un buen precio al contado. El muchacho pudo despedirse de su madre.
"La llevaré a mi casa. Morirá bien cuidada"
Pero la madre murió al día siguiente.
"Ahora, te llamarás Aurora, y si eres buena, serás una de mis doncellas personales".
Comentarios
Publicar un comentario