Sucedió
Sí, sucedió. Y estuvo a punto de ser un escándalo.
Érase una vez una especie de sororidad de lesbianas exquisitas. Se trataba de un grupo de veinte a treinta mujeres de éxito: ejecutivas, altas funcionarias, profesionales... Tías elegantes, feministas triunfadoras. Todas bisexuales, unas más lesbianas que otras, pero todas de acuerdo en que las relaciones con los hombres solo valían la pena con una situación de dominio para la mujer.
Cuando se reunían, organizaban orgías y chismorreaban. En una de ellas, alguna sugirió que sería muy erótico establecer una relación sexual de dominio con un adolescente virgen de dieciséis años que fuese como un corderito. Siendo dieciséis años la edad mínima para el consentimiento.
Una de ellas tenía un amante adolescente bastante dócil y propuso encargarle localizar en su colegio el espécimen adecuado. Parece ser que el joven cumplió en poco tiempo su misión -no le darían sexo hasta que lo lograse- y entonces el siguiente paso del plan fue encargar a la joven que llamaremos "la bailarina" el seducirlo.
Esta "bailarina" era una chica de 22 años bastante peculiar. Muy bonita y un tanto atolondrada, había conocido a estas mujeres profesionales y les proporcionaba muy buenos servicios sexuales. La bailarina no era mucho de hombres y el sexo lésbico elaborado y sofisticado del grupo de "profesionales" -las llamaremos así- le gustaba mucho. Odiaba estudiar y odiaba trabajar. Como era muy atractiva pensaba que podía dedicarse a disfrutar de la vida: le gustaba el sexo, le gustaban las drogas -tenía la sorprendente cualidad de no hacerse adicta a sustancia alguna- y le gustaba bailar. Lo de bailar consistía en que no soportaba la disciplina del ballet profesional, pero casi no podía estar un día sin bailar. Tenía un carácter agradable, alegre y un poco infantil. Para las profesionales, era una especie de mascota sexual objeto de bastantes mimos.
El joven, al que llamaremos "el corderito" fue contactado por el amante de la profesional, que lo convenció fácilmente para aceptar una cita con una "amiga de su novia". El corderito, un encantador adolescente de aspecto delicado, de intelecto precoz y trato tímido y dulce, aceptó la oportunidad con mucha curiosidad.
La bailarina lo sedujo enseguida, como es natural. En cuatro citas, en total, el corderito quedó subyugado por la encantadora joven que se ofrecía para ser su novia. Pero, siguiendo el plan de las profesionales, le exigió someterse a diversos "suplicios" para demostrarle que realmente la amaba. Pues la bailarina decía que ella en él, un joven por completo inexperto, no buscaba sino el amor verdadero.
En la primera cita, el corderito tuvo que admitir que era virgen y que era cierto que su aspecto era más bien femenino. La bailarina quedó impresionada por la humildad con que él aceptó estas realidades que para cualquier jovencito de su edad serían humillantes.
A la segunda cita, que fue en el pequeñito apartamento de la bailarina, ella grabó todo lo que hablaron para que lo escuchasen las profesionales. El corderito aceptó desnudarse -su cuerpo era grácil, femenino también- y de nuevo no se ofendió cuando la bailarina observó su aspecto delicado. Siguiendo instrucciones de las profesionales, la bailarina comprobó que los genitales del corderito estaban correctamente. Él le dio mucha información sobre su familia y sus circunstancias: era una familia feliz, con una mamá muy bella y decidida, un papá muy divertido y muy enamorado de su esposa, y dos hermanas mayores que lo habían mimado bastante... sin que tal mimoseo le hubiese afectado en absoluto su carácter dulce.
En la tercera cita, de nuevo en el apartamentito. La bailarina hizo que el chico se vistiera de chica y luego le dio instrucciones para que la masturbara y le hiciera sexo oral. El corderito obedeció y la bailarina gozó mucho.
En la cuarta cita, de nuevo en el apartamento. El corderito aceptó ligeros tocamientos anales y la proposición de someterse a un "gran sacrificio" para el sábado siguiente. Si pasaba esa última prueba, por la noche se presentaría a sus papás como su novia. El corderito aceptó, pues, el sacrificio definitivo.
Las profesionales prepararon una buena performance. El corderito llegó por la mañana, con su cuerpo meticulosamente lavado. La bailarina lo llevó por una mansión, tomado de la mano, desnudo, y lo introdujo en la sala de sacrificio donde unas veinte profesionales, coqueta y fantasiosamente vestidas, aguardaban la atracción principal.
Allí le explicaron que querían hacer juegos eróticos con él. Tanto ellas mismas como la bailarina le insistieron en que no le harían daño alguno. El corderito aceptó explícitamente. Se le informó que, incluso siendo menor de edad, ya tenía la edad para el consentimiento de relaciones sexuales con adultos.
El juego duró algo más de una hora. Lo ataron desnudo a una columna y cada una de las mujeres lameteó, besó e incluso mordisqueó su cuerpo, haciendo comentarios sobre la deliciosa suavidad de su piel, la terneza de su carne, su aroma. Los toqueteos y lameteos le causaron una erección sensible y le dejaron su piel impregnada de saliva y marcas de carmín. El acto final fue que dos de ellas se sentaron en sendos taburetes, embadurnaron su pene en miel caliente aderezada con canela y meticulosamente lamieron su pene. Durante unos quince minutos el joven experimentó una excitación intensa. Suspiró, transpiró, gimió e incluso llegó a llorar de placer hasta que finalmente eyaculó en la boca de las dos brujas que se deleitaron visiblemente con el néctar mezclado con miel.
Después lo llevaron a otra estancia. Lo bañaron, le dieron de beber, le dejaron dormir un poco. Cuando despertó, la bailarina le acompañaba, entusiasmada y feliz. Durante un rato más conversó con ella y otras mujeres. Lo vistieron como una novia y se dedicó durante un par de horas a besar las vaginas de sus poseedoras. Todas gozaron mucho.
Como ya habían transcurrido algunas horas desde que lo comieron por primera vez, lo hicieron una segunda vez.
A la noche, el corderito y la bailarina fueron a la casa de los papás, que se sorprendieron de que su chico tímido de dieciséis años tuviese una experta, sexy y vivaracha novia de 22. Pero comprendieron que el joven se sentía muy atraído por ella que, en todo caso, trató de mostrarse simpática y enamorada. Aquella noche, el corderito durmió profundamente y el siguiente día, que era domingo, lo pasó con sus papás y hermanas, cansado y, naturalmente, impresionado. La mamá, que era la más audaz, le preguntó si habían hecho el amor y él dijo que no, dudoso, ya que no sabía calificar los actos sexuales a los que había sido sometido. Dijo que no podía entrar en detalles, porque se trataban de cosas muy íntimas.
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